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10 signos que indican que te preocupas demasiado por lo que piensan los demás No ratings yet.

De una forma u otra, todos nos dejamos influenciar por las opiniones de los demás. La aprobación social es importante y en muchas ocasiones la usamos como una brújula para saber si vamos por el buen camino o hemos equivocado nuestros pasos.

Sin embargo, cuando nos preocupamos demasiado por lo que piensan los demás caemos en el error de vivir a través de sus opiniones y tomar decisiones basándonos en la aceptación o el rechazo, en vez de guiarnos por nuestros deseos y necesidades. Por eso, es importante mantenerse atentos a los signos que indican que hemos comenzado a preocuparnos demasiado por lo que piensan los demás.

¿Cómo reconocer la dependencia de las opiniones de los demás?

1. Dices mentiras o te contradices. Si cambias de opinión solo para intentar encajar en el grupo, es probable que te preocupe demasiado lo que piensen los demás y creas que no aceptarán de buen grado tus ideas, puntos de vista y opiniones. Si te descubres a menudo mintiendo, cambiando de opinión o fingiendo, es probable que estés buscando aceptación social.

2. Tienes miedo de decir ‘no’. Decir ‘no’ es un derecho, tienes derecho a negarte cuando crees que alguien está traspasando los límites o cuando algo simplemente no te apetece. Si dices ‘sí’ a menudo cuando desearías negarte, es probable que te estés dejando condicionar demasiado por los demás. De hecho, desde pequeños nos enseñan a ser complacientes, pero dar una negativa no implica dañar a nadie, es simplemente un derecho.

3. Pides disculpas aunque no tienes la culpa. Si a menudo te descubres disculpándote por cosas sobre las cuales no tienes ninguna responsabilidad ni control, es probable que estés asumiendo una culpa que no te corresponde. Pedir disculpas es signo de inteligencia y empatía, pero solo cuando hemos cometido realmente un error y nos arrepentimos de ello.

4. Te evalúas a través de los ojos de los demás. Si prácticamente cada vez que vas a hacer algo, te preguntas qué pensarán los otros, es probable que tengas un problema de autoestima. Si los comentarios de los demás siempre están dando vueltas en tu mente, para decirte lo que debes o no debes hacer, te resultará prácticamente imposible saber qué es lo que quieres realmente.

5. Cambias tus planes para agradar a los otros. Si abandonas continuamente tus planes y cedes ante los de los demás, es probable que en el fondo se esconda el miedo al rechazo y la exclusión social. Es importante encontrar un equilibrio, porque anteponer continuamente las necesidades de los demás a las propias hará que te relegues a un segundo plano y que optes por una vida que no te satisface.

6. Tus estados emocionales fluctúan en dependencia de la retroalimentación que recibes. Es normal que cuando los demás nos alaban nos sintamos felices pero si vives en una auténtica montaña rusa emocional que depende de las valoraciones que los demás hacen de ti, tendrás un problema. Es importante que aprendas a no tomarte los comentarios o críticas de los demás como algo demasiado personal.

7. Te preocupas por decir lo correcto en el momento adecuado. Te preocupas demasiado por las salidas de tono, así que te autocensuras a menudo, por lo que casi nunca compartes tus ideas y opiniones, por miedo a que los demás no estén de acuerdo o a que puedas ofender a alguien.

8. Intentas caerle bien a todos. Con algunas personas conectamos inmediatamente, con otras no. Es imposible caerle bien a todos, así que el deseo de causar una buena impresión y caerle bien a todos es simplemente irreal y solo sirve para añadir una tensión innecesaria a tu vida. De hecho, puedes correr el riesgo de terminar convirtiéndote en un camaleón social, lo cual significa que perderás tu identidad.

9. Te obsesionas con lo que piensan los demás. Preocuparse por lo que otras personas están pensando es diferente de buscar su aprobación. Todos participamos en ese juego de mentes, pero si llega un punto en el que te obsesionas con lo que los demás están pensando sobre ti, tendrás un gran problema.

10. Tienes dificultad para tomar decisiones, incluso las más pequeñas. La indecisión es característica de las personas que no son suficientemente seguras de sí mismas, por lo que intentan compensarlo con el perfeccionismo. De esta manera, el miedo a equivocarte, puede conducirte a una auténtica parálisis decisional. Piensas constantemente en todo lo que podría ir mal y no logras decidirte.

Si eres de esas personas que se preocupan mucho por las opiniones de los demás o en los últimos tiempos has descubierto que eres más dependiente del juicio de los otros, he aquí 10 frases geniales para dejar de preocuparse por lo que los demás piensen de ti.

Fuente: rinconpsicologia

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Madurar no es sumar sino aprender a restar<span class= No ratings yet. "/>

Madurar no es sumar sino aprender a restar No ratings yet.

No siempre lo reconocemos, pero uno de nuestros mayores temores es la pérdida. De hecho, apenas conquistamos algo o a alguien, en vez de disfrutarlo plenamente, nos atenaza el miedo a perderlo. De esta forma pasamos gran parte de nuestra vida en un estado de ansiedad y zozobra, siendo incapaces de disfrutar los logros que hemos alcanzado.

La sociedad es, en gran parte, responsable de ese profundo y atávico temor. De cierta forma a todos nos han hecho llegar un mensaje muy claro: la vida es acumular. Eso significa que siempre debes tener más porque perder es sinónimo de derrota, en cualquier esfera de la vida.

Ese mensaje ha calado muy profundo y hace que siempre estemos corriendo, con la inútil pretensión de alcanzar algo nuevo y mejor. A veces corremos tanto que nuestra propia velocidad nos aturde. Lo curioso es que de esta manera nos olvidamos de disfrutar de cada momento porque siempre tenemos la vista puesta en el futuro, un futuro que debe contener cada vez más, porque creemos erróneamente que “más” es sinónimo de “mejor”.

La vida es la mejor maestra

La vida, sin embargo, se encarga de poner todas las cosas en su lugar. Y nos enseña que en cierto punto del desarrollo lo que nos permite madurar no es seguir sumando sino aprender a restar.

¿Qué deberíamos restar?

Lo queramos o no, tendremos que aprender a restar personas, incluso personas que en algún momento fueron muy importantes para nosotros.

También tenemos que aprender a restar estrés y tensión o estos le pasarán una factura demasiado elevada a nuestra salud.

Debemos aprender a restar apegos, siendo conscientes de que la vida cambia continuamente. Lo cual no significa querer menos, sino aceptar aquello que no podemos cambiar y seguir adelante.

También debemos aprender a restar expectativas, comprendiendo que estas son una fuente completamente innecesaria de desilusiones, frustraciones y tensiones. Aunque eso no significa dejar de soñar.

Es importante que dejemos de sumar cosas y comencemos a abrazar un estilo de vida más minimalista. Las cosas no llenarán el vacío emocional. En su lugar podemos aprender a reconectar con las cosas más simples.

También debemos aprender a restar planes, sobre todo aquellos que no son nuestros y no nos hacen verdaderamente felices. Elegir sabiamente las experiencias, en vez de atiborrarse de estímulos, nos permitirá vivir de manera más plena.

En fin, es importante restar todo aquello que no necesitamos y que no nos hace felices sino que solo añade una tensión innecesaria.

El miedo a restar se vence aprendiendo a soltar y dejar ir

Criados con la idea de que siempre debemos sumar, nos resistimos a restar. Sin embargo, una vez superada la resistencia inicial, encuentras un enorme placer en deshacerte de todo aquello que genera tensión, sufrimiento o simplemente es inútil.

Poco a poco te vas dando cuenta de que caminas más ligero, y eso te resta preocupaciones, ansiedades y tensiones. Al ir más ligero de equipaje puedes disfrutar mucho más del viaje. La clave de la felicidad no radica en tener más sino en desear menos.

Steve Jobs fue un ejemplo de minimalismo, una tendencia que se hizo aún más evidente cuando supo que estaba enfermo ya que enfrentarse a su mortalidad le animó a deshacerse de todo aquello que no necesitaba.

Cuando el antiguo Director Ejecutivo de Apple, John Sculley, visitó por primera vez a Jobs en su casa se quedó impresionado. Describe así su visita: “Recuerdo que Steve prácticamente no tenía muebles en su casa. Tenía un cuadro de Einstein, a quien admiraba muchísimo, una lámpara de Tiffany, una cómoda silla y una cama. Él no creía que fuera necesario tener muchas cosas a su alrededor pero era increíblemente cuidadoso con las que elegía”.

Puedes comenzar con pequeñas cosas y seguir esa limpieza psicológica en otras esferas de tu vida, será una especie de detox profundo. Recuerda que cuando descartas algo porque no lo necesitas, ganas más de lo que pierdes. Es un cambio que realmente vale la pena.

Fuente: rinconpsicologia

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Gritar a los niños daña su cerebro<span class= No ratings yet. "/>

Gritar a los niños daña su cerebro No ratings yet.

Alzar la voz no hará que tengamos más razón. Además, utilizar esta estrategia como recurso educativo puede ser completamente contraproducente. De hecho, cuando le gritamos a los niños solo estamos reconociendo que los pequeños están fuera de control, y nosotros también. Gritar es una señal de que la situación se nos ha ido de las manos y no tenemos estrategias para resolverla.

En Estados Unidos se dice que gritar a los hijos es como usar el claxon para conducir el coche, y suele generar los mismos resultados. Además, normalmente no gritamos después de una cuidadosa y profunda reflexión porque consideremos que se trata de la táctica más eficaz, simplemente gritamos porque no sabemos qué otra cosa hacer.

Las situaciones que provocan los gritos son muchas y diversas, pero se ha apreciado que el aislamiento materno y el agotamiento son las causas principales. De hecho, muchos padres reconocen que detrás de sus gritos se esconde el estrés y el cansancio. En práctica, lo que nos lleva a gritar no es tanto el mal comportamiento del niño, sino nuestra incapacidad para lidiar con la situación, probablemente porque nuestros recursos cognitivos y emocionales están agotados.

Los gritos afectan el desarrollo psicológico y cerebral de los niños

Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Pittsburgh reveló que gritar a los niños con regularidad, como una forma de disciplina, encierra numerosos riesgos para su desarrollo psicológico, entre ellos la posibilidad de que desarrollen conductas agresivas o, al contrario, híper tímidas.

Estos psicólogos analizaron a 976 familias y sus hijos durante dos años, y descubrieron que los gritos cotidianos, que formaban parte de la crianza, podían predecir la aparición de problemas de conducta en los adolescentes de 13 años o de síntomas depresivos a los 14 años.

Además, descubrieron que en vez de minimizar los problemas, los gritos solían agravar la desobediencia. Y también constataron que la “calidez” de los padres; es decir, su amor y el grado de apoyo emocional no disminuían el impacto psicológico de los gritos. Esto significa que la marca que dejan los gritos no se borra después con un abrazo o un gesto de cariño.

Otra investigación realizada por un grupo de psiquiatras de la Escuela de Medicina de Harvard fue un paso más allá: sus resultados alertan que el maltrato verbal, como los gritos y la humillación, puede alterar de forma significativa y permanente la estructura del cerebro infantil.

Estos investigadores analizaron el cerebro de 51 niños que recibían tratamiento psiquiátrico y los compararon con el de 97 niños sanos. Descubrieron que el abandono, el castigo físico e incluso la disciplina verbal causaban una reducción significativa en el cuerpo calloso, una especie de “cable” compuesto por células nerviosas que conecta ambos hemisferios del cerebro.

Un cuerpo calloso más pequeño conduce a una menor integración de las dos mitades del cerebro, lo que puede causar cambios dramáticos en el estado de ánimo y la personalidad. En el estudio también apreciaron una disminución de la actividad en partes del cerebro relacionadas con las emociones y la atención. Estos niños tenían menos flujo sanguíneo en una parte del cerebro conocida como vermis cerebeloso, el cual es fundamental para mantener un buen equilibrio emocional.

¿Por qué los gritos pueden afectar tanto a los niños?

Cuando los niños son muy pequeños, no son capaces de identificar la diferencia entre los gritos y el cariño. En práctica, no comprenden que si sus padres les gritan, no significa que no les quieran sino que pueden estar estresados o que están reprendiendo un mal comportamiento. No conocer esa diferencia puede generar una gran sensación de angustia y estrés. De hecho, los investigadores creen que los cambios en la estructura del cerebro se deben a la liberación excesiva de cortisol, la hormona del estrés, durante los primeros años de vida.

Es curioso, pero los niños y adolescentes que han crecido en un ambiente donde los gritos son pan cotidiano, también tienen el doble de probabilidades de presentar una actividad eléctrica cerebral anormal. En algunos casos esta actividad incluso se ha llegado a comparar con la de personas que sufren epilepsia.

¿Cómo dejar de gritarles a tus hijos?

– Asume que gritar es sinónimo de perder el control. Los gritos no son una estrategia educativa ni disciplinaria sino el signo de que la situación se te ha ido de las manos. Si eres consciente de esa diferencia, lograrás regularte mucho mejor.

– Descubre cuáles son las situaciones o momentos en los que más gritas. Los investigadores han descubierto que los padres suelen gritar más durante algunos momentos específicos del día, como a la hora del desayuno antes de ir al colegio o por la noche. Detectar ese patrón te permitirá descubrir la causa que se encuentra en la base de los gritos, que generalmente suelen ser las prisas, el estrés o el cansancio.

– Tómate el tiempo que necesites para calmarte. Es importante que los padres se mantengan atentos a las señales que indican que están perdiendo el control. Antes de dejar que el cerebro emocional asuma el mando, tómate unos minutos para calmarte. Respira profundamente y, si lo necesitas, sal de la habitación.

– No alimentes expectativas demasiado elevadas. A veces la frustración proviene de la diferencia entre tus expectativas y la realidad. Puedes frustrarte porque esperabas que tu hijo hiciera solo los deberes, por ejemplo, y no los ha hecho. Por eso, a veces es conveniente que recuerdes que es solo un niño y que no hace las cosas para molestarte sino porque aún necesita madurar.

– No te culpes. En cualquier caso, no te culpes porque sentirte mal solo aumentará la tensión. A cualquiera se le puede escapar un grito de vez en cuando, solo tienes que asegurarte de que no se convierta en la norma. Ser padres no es fácil, y tampoco es necesario que seas perfecto/a, solo asegúrate de intentar mostrar siempre la mejor versión de ti.

Fuentes:
Wang, M. T. & Kenny, S. (2014) Longitudinal Links Between Fathers’ and Mothers’ Harsh Verbal Discipline and Adolescents’ Conduct Problems and Depressive Symptoms. Child Developmental; 85(3): 908–923.
Teicher, M. H. et. Al. (1993) Increased prevalence of electrophysiological abnormalities in children with psychological, physical, and sexual abuse. J Neuropsychiatry Clin Neurosci; 5(4): 401-408.

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Coherencia cardíaca: El concepto que cambiará tu manera de ver y enfrentarte a la vida<span class= No ratings yet. "/>

Coherencia cardíaca: El concepto que cambiará tu manera de ver y enfrentarte a la vida No ratings yet.

Hace algunos años se descubrió que no tenemos un solo cerebro. El intestino y el corazón tienen sus propios circuitos formados por decenas de miles de neuronas, que actúan como “pequeños cerebros” dentro de nuestro cuerpo; capaces de tener sus propias percepciones, modificar su respuesta en función de estas e incluso de transformarse a partir de sus experiencias. Es decir, de alguna manera, el corazón también forma sus propios recuerdos.

Sin embargo, el corazón no solo cuenta con un sistema de neuronas semiautónomo sino que también es una pequeña fábrica de hormonas. Secreta su propia reserva de adrenalina, la cual utiliza cuando necesita funcionar al máximo de sus capacidades. También segrega y regula la liberación de ANF, una hormona que regula la tensión arterial. E incluso tiene su propia reserva de oxitocina, la hormona del amor. Obviamente, todas estas hormonas actúan directamente sobre el cerebro y tienen una influencia en nuestro organismo.

El corazón, un pequeño “cerebro” que late al compás de las emociones y pensamientos

Cuando aprendemos a controlar nuestro corazón, logramos regular nuestro cerebro emocional, y viceversa. La relación más fuerte entre el corazón y el cerebro emocional se establece a través del sistema nervioso periférico autónomo; es decir, la parte del sistema nervioso que regula el funcionamiento de todos nuestros órganos.

El sistema nervioso autónomo está constituido por dos ramales que inervan cada uno de los órganos del cuerpo partiendo del cerebro emocional. El ramal simpático libera adrenalina y noradrenalina, controla las reacciones de lucha y huida y acelera el ritmo cardíaco. El ramal parasimpático libera un neurotransmisor diferente que acompaña los estados de relajación y calma, además de disminuir la velocidad cardíaca.

Estos dos sistemas, uno actúa como freno y otro como acelerador, deben estar en constante equilibrio. De hecho, para lidiar con los problemas de la vida cotidiana necesitamos que el freno y el acelerador estén en perfecto estado para que se compensen mutuamente.

Sin embargo, el corazón no se contenta con sufrir la influencia del sistema nervioso central, también envía fibras nerviosas hacia la base del cráneo que controlan la actividad del cerebro. Más allá de su influencia hormonal y electromagnética, también actúa sobre el cerebro emocional mediante conexiones nerviosas directas. Esto significa que cuando el corazón se desajusta, arrastra consigo al cerebro emocional.

El reflejo del vaivén entre el cerebro emocional y el corazón es la frecuencia entre los latidos cardíacos. Las dos ramas del sistema nervioso autónomo siempre están a punto de acelerar o disminuir la velocidad del corazón, razón por la cual el intervalo entre dos latidos sucesivos nunca es igual. Esa variabilidad es sana porque es señal de buen funcionamiento del freno y el acelerador y no tiene nada que ver con la arritmia, las taquicardias o los síntomas de los ataques de ansiedad; los cuales son signos de que el freno parasimpático ya no controla bien el corazón.

De hecho, el corazón puede latir a una media de 60 latidos por minutos, pero en un instante puede aumentar a 70 y luego descender a 55, sin que podamos comprender por qué. Un mero ejercicio de matemáticas complicado puede generar tensión que termine provocando esos picos, aunque no lo percibamos.

Con las nuevas tecnologías se pueden percibir esas variaciones del ritmo cardíaco, lo cual se conoce como caos y coherencia. Por lo general, las variaciones son suaves y “caóticas”: acelerones y frenazos se suceden de forma dispersa e irregular. Al contrario, cuando la frecuencia de los latidos del corazón es fuerte y sana, las fases de aceleración y disminución de la velocidad muestran una alternancia rápida y regular. Eso produce la imagen de una onda armoniosa, conocida como “coherencia cardíaca”.

Las emociones negativas, como la cólera, la ansiedad, la tristeza, e incluso las preocupaciones banales, son las que más hacen caer la frecuencia cardíaca y siembran el caos. Al contrario, las emociones positivas, como la alegría, la gratitud y, sobre todo, el amor, las que más favorecen la coherencia.

Obviamente, el caos o la coherencia cardíaca también influyen en nuestros ritmos fisiológicos. La frecuencia de la tensión arterial y de la respiración se alinean rápidamente con la coherencia cardíaca, y estos tres sistemas se sincronizan. Por tanto, aprender a desarrollar la coherencia cardíaca implica ahorrar energía.

Por ejemplo, la coherencia cardíaca contribuye a que nuestro cerebro sea más rápido y preciso, lo cual se traduce en que nuestras ideas fluyan de manera natural y sin esfuerzo. También somos más popensos a adaptarnos a todo tipo de imprevistos, pues estamos en equilibrio y abiertos a todo lo que pueda pasar.

¿Cómo desarrollar la coherencia cardíaca?

Es necesario cambiar la perspectiva: hay que afrontar el problema al contrario. En vez de esperar que las circunstancias externas sean ideales, debemos empezar por controlar el interior. Cuando acabamos con el caos fisiológico, nos sentimos mejor de manera automática y mejoraremos nuestros resultados.

Uno de los métodos más eficaces para potenciar la coherencia cardíaca es la meditación.

1. Dirigir la atención hacia el interior. Debemos abstraernos del mundo exterior y apartar toda preocupación durante unos minutos. Es importante aceptar que nuestras preocupaciones pueden esperar un poco, el tiempo necesario para que el corazón y el cerebro recuperen su equilibrio. La mejor manera de lograrlo es comenzar realizando respiraciones lentas y profundas ya que así estimulamos el sistema parasimpático e inclinamos ligeramente el equilibrio del lado del “freno” fisiológico. Para maximizar su efecto debemos centrarnos plenamente en la respiración, hasta que esta se vuelva más natural y suave.

2. Concentrarse en el corazón. Al cabo de un minuto, aproximadamente, es importante que nos centremos en el pecho. Podemos imaginar que respiramos a través del corazón. Continuaremos respirando lenta y profundamente y visualizando el corazón. Podemos imaginar que la inspiración nos proporciona el oxígeno que necesitamos y que la espiración nos permite deshacernos de los residuos. Podemos imaginar esos movimientos lentos y flexibles, mientras el corazón se tranquiliza.

3. Conectarse a la sensación de calor o expansión en el pecho. Al inicio será muy ligera, una manera de potenciarla consiste en evocar directamente un sentimiento de reconocimiento o de gratitud y permitir que invada nuestro pecho. El corazón siempre es especialmente sensible a la gratitud, a todo sentimiento de amor.

Fuente:
Servan, D. (2003) Curación emocional. Barcelona: Editorial Kairós.

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5 hábitos mentales que te impiden pensar con claridad<span class= No ratings yet. "/>

5 hábitos mentales que te impiden pensar con claridad No ratings yet.

Te propongo que hagas un ejercicio muy sencillo antes de empezar a leer este artículo. Ponte de pie y comienza a caminar contando hacia atrás, comenzando por 1.000 y restando siete cada vez, por ejemplo, 1.000, 993, 986… Llegado a cierto punto, dejarás de caminar, probablemente muy pronto. Esto se debe a que tu cerebro tiene que trabajar demasiado sacando las cuentas como para poder indicarle a tus piernas hacia dónde ir.

De hecho, el cerebro funciona de manera parecida al procesador de un ordenador: tiene una capacidad limitada de procesamiento, o lo que es lo mismo, nuestros recursos cognitivos son finitos en un momento dado. Cualquier tarea intelectual o emocional que ocupe demasiado “espacio” terminará afectando nuestra capacidad para concentrarnos, resolver problemas, ser creativos o incluso recordar. Como resultado, nuestro cociente intelectual se reduce, al menos temporalmente, hasta que no liberemos esos recursos.

Las zancadillas mentales más comunes

La mayoría de las tareas que realizamos comúnmente no tienen un impacto significativo en nuestra capacidad para pensar y tomar decisiones pero existen algunos hábitos mentales que consumen cantidades tan grandes de recursos que afectan nuestra capacidad para pensar con claridad. Lo interesante es que la mayoría de las personas no son conscientes de que estos hábitos psicológicos son tan perjudiciales, por lo que siguen alimentándolos y sumiéndose en una espiral descendente.

1. Rumiar las ideas negativas

Cuando nos enfrentamos a un hecho negativo, es comprensible que no logremos borrarlo de un plumazo y dejarlo atrás. De hecho, en algunas ocasiones, mantenerlo activo en nuestra mente buscando soluciones imaginarias nos ayuda a liberar la tensión y tiene un poder catártico. Sin embargo, cuando esto se convierte en un hábito y no logras deshacerte de esas ideas negativas, terminarás angustiándote y tanto tu salud emocional como física se resentirán. Cuando repites en tu mente continuamente los acontecimientos perturbadores, frustrantes o angustiantes, tu capacidad para concentrarte, pensar y tomar buenas decisiones disminuirá considerablemente porque es como si usarás un prisma negativo para verlo todo, el cual ofusca la visión equilibrada y global del mundo.

2. Culpabilidad no resuelta

Todos nos sentimos culpables de vez en cuando por algo que creemos hemos hecho mal, o que no hemos hecho como hubiéramos deseado. Sin embargo, cuando la sensación de culpa no nos abandona, se convierte en una distracción cognitiva que perjudica seriamente nuestro funcionamiento y termina haciéndonos mucho daño desde el punto de vista emocional. Cuando te sientes culpable tu autoestima baja, desarrollas una autoimagen negativa y no serás capaz de aprovechar las buenas oportunidades porque crees que no las mereces. Por tanto, alimentar esa sensación de culpa te hará sentirte muy miserable y te sumergirá en un ciclo de negatividad.

3. Quejas ineficaces

La mayoría de las personas tienden a compartir sus frustraciones con los más cercanos. A veces quejarse tiene un poder catártico, nos permite liberar el enfado y la frustración para seguir adelante más ligeros de peso. No obstante, cuando las quejas se convierten en la norma, cuando solo te fijas en las cosas negativas de lo que sucede, te pierdes la otra parte del panorama y corres el riesgo de tomar decisiones sesgadas. Recuerda que quejarse siempre implica elegir la parte más negativa y centrarse en la limitación. Además, las quejas actúan como auténticos vampiros energéticos que terminan drenando tu energía, por lo que no es extraño que diferentes estudios hayan dictaminado que las quejas son un veneno para tu cerebro.

4. Críticas constantes

Todos criticamos en algún que otro momento, las críticas provienen de nuestra tendencia a la comparación y no siempre son negativas. Sin embargo, si te conviertes en una persona extremadamente crítica que no se siente satisfecha con nada, ni siquiera consigo misma, terminarás asumiendo una actitud hipervigilante, siempre estuvieras a la caza de los errores ajenos o propios. Obviamente, vivir en ese estado te pasará una elevada factura a nivel cognitivo y emocional.

5. Preocupación inútil

Cuando tenemos un problema, es normal que este ocupe nuestra mente mientras intentamos encontrar una solución. No obstante, si en vez de buscar las posibles soluciones te preocupas constantemente, incluso por dificultades que ni siquiera existen todavía, te convertirás en la típica persona que tiene problemas para cada solución. La preocupación mantendrá tu mente constantemente distraída, buscando dificultades en todas partes. Cuando estás preocupado tu mente desplaza todo lo demás, ya que considerará que no es importante, y te enfocará solo en las preocupaciones, lo cual generará un elevado nivel de ansiedad y angustiaF.

Fuente:rinconpsicologia

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Hay personas que, por su cronotipo, no deberían madrugar nunca<span class= No ratings yet. "/>

Hay personas que, por su cronotipo, no deberían madrugar nunca No ratings yet.

Hay gente que, antes de que salga el sol, ya han desayunado, limpiado la casa y organizado su agenda. Sin embargo, para la mayoría de las personas, levantarse de la cama con los primeros rayos del sol es una auténtica proeza. De hecho, hay quienes son justo lo contrario: son mucho más eficaces y productivos por la noche.

Así, los científicos han creado dos grupos opuestos: los matutinos o alondras, que se despiertan temprano y aprovechan al máximo las mañanas y los vespertinos o búhos, cuyo rendimiento aumenta a medida que avanza el día. Sin embargo, ahora un estudio realizado en el Instituto de Investigación de biología Molecular y Biofísica de la Academia Rusa de Ciencias reveló que en realidad hay mucho más detrás de estos cronotipos y que ciertas personas no deberían madrugar jamás.

Personas “aletargadas” y personas “enérgicas”

Estos investigadores analizaron a 130 personas, quienes tuvieron que mantenerse despiertas durante 24 horas con el objetivo de analizar su nivel de energía. De esta forma descubrieron que hay personas que pueden pasar todo el día con un bajo nivel de energía, a quienes catalogaron como “aletargados” mientras que otros podían mantenerse más activos, a pesar de la privación del sueño e independientemente del horario al que se hubieran levantado, a estos últimos se les denominó “enérgicos”.

Estas nuevas categorías indican que para las personas con menos energía sería nefasto madrugar. De hecho, es probable que su problema se deba a que su ritmo circadiano no está bien sincronizado con el ciclo natural de luz y oscuridad.

Básicamente, la luz solar es una especie de reloj natural que estimula nuestro organismo para que deje de producir melatonina, la hormona que provoca el sueño. De esta forma logramos mantener un nivel de alerta adecuado durante el día. Al contrario, cuando cesa la luz, aumentan los niveles de melatonina y nos vamos adormeciendo.

En las personas madrugadoras y energéticas, su mayor pico de actividad llega al mediodía, que es cuando más intensa es la luz solar. Sin embargo, las personas vespertinas o aletargadas no estarían tan sincronizadas con este ciclo de luz, por lo que su rendimiento suele ir aumentando lentamente a lo largo del día.

Estas diferencias se deben, entre otros factores, a nuestro ADN. Según una investigación realizada en el Centro Nacional de Neurología y Psiquiatría de Tokio, el gen PER-3, uno de los genes de nuestro reloj biológico, determina la propensión a levantarnos más tarde o más temprano, así como nuestro nivel de energía a lo largo del día.

¿Por qué deberías conocer y adaptar tu ritmo de vida a tu cronotipo?

Conocer tu cronotipo te permitirá funcionar siguiendo tu ritmo circadiano natural, lo cual no solo repercutirá en tu productividad sino también en tu estado de ánimo y en tu salud. De hecho, se ha demostrado que cuando se produce un desajuste del ritmo circadiano la persona es más propensa a padecer obesidad, diabetes y algunos tipos de cáncer. Además, aprovechar los momentos de mayor productividad te permitirá hacer más con menos esfuerzo, lo cual redundará positivamente en tu estado de ánimo.

De hecho, el ritmo circadiano es tan importante que médicos del Hospital Paul Brousse de París han llegado a afirmar que la quimioterapia se debería aplicar en correspondencia con este ciclo ya que se conoce que las células de ciertos tipos de linfoma tienden a dividirse más entre las 9 y 10 de la noche. Al contrario, las células intestinales tienden a hacerlo a las 7 de la mañana y las de la médula ósea al mediodía. Por tanto, si la quimioterapia se aplicara en esos momentos, sería más eficaz y menos tóxica.

Fuentes:

rinconpsicologia
Pulitov, A. A. et. Al. (2015) How many diurnal types are there? A search for two further “bird species”. Personality and Individual Differences; 72: 12-17.
Hida, A. et. Al. (2014) Screening of Clock Gene Polymorphisms Demonstrates Association of a PER3Polymorphism with Morningness–Eveningness Preference and Circadian Rhythm Sleep Disorder. Scientific Reports; 4: 6309.
Lévi, F. et. Al. (2007) Implications of circadian clocks for the rhythmic delivery of cancer therapeutics. Adv Drug Deliv Rev; 59(9-10):1015-1035.

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Quien no conoce la adversidad no es consciente de su fortaleza<span class= No ratings yet. "/>

Quien no conoce la adversidad no es consciente de su fortaleza No ratings yet.

Nadie desea encontrar obstáculos en sus proyectos, sufrir pérdidas o tener que lidiar con la adversidad. Todas estas situaciones están rodeadas de un halo negativo, sobre todo porque en nuestra sociedad nos hemos acostumbrado a polarizar las experiencias, catalogándolas como positivas y, por tanto, deseables y otras como negativas y, por ende, indeseables.

Sin embargo, la filosofía taoísta de la vida nos enseña que lo “positivo” y lo “negativo” se conjugan en todas las situaciones y que tan malo es un exceso de negatividad como un exceso de positividad. Para lograr una vida más equilibrada, es conveniente aprender a ver lo positivo en lo negativo, comprender la enseñanza detrás del fracaso y centrarnos en cómo recuperarnos después de una caída.

Solo la adversidad te permite descubrir tu verdadera fuerza

“Los golpes de la adversidad son amargos, pero nunca son estériles”, dijo el filósofo francés Ernest Renan. Cuando tenemos que enfrentarnos a situaciones que nos sacan de nuestra zona de confort, cuando dejamos de nadar en aguas tranquilas y nos vemos obligados a enfrentar la furia de la marea, tenemos que activar nuestros recursos psicológicos para sobrevivir. En ese momento de lucha interna se puede producir un cambio psicológico, un aprendizaje que nos convierte en personas más resilientes.

De hecho, una persona que no conoce la adversidad no se conoce completamente a sí misma, no sabe cuáles son sus límites y no ha puesto a prueba su fuerza. Por eso, podemos comprender la adversidad como una especie de telescopio que, en vez de dirigir hacia afuera, debemos enfocar hacia nuestro interior. De esta manera, cuando salgamos de esa situación, no volveremos a ver la vida de la misma manera y nosotros mismos habremos cambiado, habremos enriquecido nuestra “caja de herramientas psicológicas”.

Por eso, podemos comprender la adversidad como una prueba de autoconocimiento. Una vez que la marea se calme y reflexionemos, nos daremos cuenta de que somos un poco más fuertes, un poco más maduros y un poco más sabios.

La resiliencia es como un músculo que se pone a prueba en la adversidad

La resiliencia es la capacidad para salir fortalecidos de una situación. No se trata simplemente de pasar el mal trago y seguir como siempre sino de desarrollar nuevos recursos con los que no contábamos para proyectarnos hacia el futuro y lidiar mejor con los nuevos problemas que se presentarán.

En este sentido, un estudio llevado a cabo en el Royal Mardesen Hospital de Sutton y el King’s College Hospital de Londres es particularmente esclarecedor. Estos psicólogos se preguntaron si la forma de lidiar con la enfermedad puede influir en su curso.

Identificaron las cinco reacciones más comunes ante el diagnóstico de un cáncer: fatalismo, desesperación/impotencia, preocupación ansiosa, negación y espíritu combativo. Descubrieron que, cuando las condiciones clínicas iniciales eran similares, quienes enfrentaban la enfermedad con espíritu combativo y se mostraban resilientes tenían mejor pronóstico.

No obstante, lo más interesante fue que quienes habían sufrido grandes traumas en el pasado y los habían superado con sus propias fuerzas, tenían más probabilidades de enfrentar con éxito los nuevos problemas y encontrar las herramientas necesarias para solucionarlos porque tenían más confianza en sus capacidades.

Esto nos indica que la resiliencia es como un músculo que se entrena y fortalece en la adversidad. Si ya hemos pasado por situaciones complicadas y hemos salido de ellas, cuando la adversidad vuelva a mostrar su cara, tendremos más confianza en nuestra capacidad para enfrentar el vendaval.

De hecho, otro estudio realizado en el Boston College indica que las personas resilientes son capaces de experimentar emociones positivas incluso en medio de situaciones estresantes. Así logran disminuir su nivel de activación fisiológico y reencontrar rápidamente un nuevo equilibrio.

En las personas resilientes algunos circuitos cerebrales también funcionan de manera diferente, en especial la ínsula anterior, una zona que se encarga de producir un contexto emocionalmente relevante para las situaciones que vivimos y que está vinculada con emociones básicas como el dolor, el miedo y el odio. Esto significa que en las personas resilientes la ínsula solo se activa ante estímulos que son realmente negativos, lo cual les permite “preservar” sus recursos psicológicos y evitan estresarse inútilmente.

La adversidad solo cobra sentido cuando conduce al aprendizaje y el crecimiento

“El mundo rompe a todos, y después, algunos son fuertes en los lugares rotos”, escribió Ernest Hemingway. Sin duda, la adversidad no es sinónimo de crecimiento. No todas las personas crecen con los problemas, hay quienes se apresuran en dejarlos atrás sin haber aprendido nada. Otros asumen una actitud negativa o se convierten en victimistas crónicos, algo que solo les traerá más problemas y desgracias.

Por eso, ante la adversidad es necesario adoptar una actitud proactiva. No podemos esperar que la vida no nos ponga desafíos y obstáculos, pero podemos prepararnos para vencerlos y crecer. Ante las situaciones difíciles, pregúntate qué puedes aprender y cómo pueden ayudarte a ser una persona más fuerte y positiva. Es probable que al inicio te resulte difícil, pero cuando llegues a aguas más tranquilas, es importante que reflexiones sobre la experiencia. Solo así ese dolor y sufrimiento tendrá algún sentido.

Fuentes:

rinconpsicologia
Waugh, C. e. Et. Al. (2008) The neural correlates of trait resilience when anticipating and recovering from threat. Social Cognitive and Affective Neuroscience; 3(4): 322–332.
Tugade, M. M. & Fredrickson, B. L. (2004) Resilient individuals use positive emotion to bounce back from negative emotional experiences. Journal of Personality and Social Psychology; 86(2): 320-333.
Taylor, S. E.; Lichtman, R. R. & Wood, J. V. (1984) Attributions, beliefs about control and adjustment to breast cancer. Journal of Personality and Social Psychology; 46: 489-502.

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